Un Van Gogh en Marruecos

Un Van Gogh en Marruecos

Sería marzo o abril de 2016 cuando nos pidieron una cita para presentarnos una propuesta para la galería,  que dirigía junto con Carlos Jiménez,  en Marruecos.  El individuo  en cuestión vino acompañado de una persona que conocíamos  y hablaba español por lo que la comunicación  prometía fluida. Era un panadero  de la zona y venia como intermediario  de un tercero, “español”, que a la vez representaba a un empresario venezolano.

El lío era descomunal  y por supuesto sonaba a estafa pero la curiosidad nos empujó a escuchar al panadero y a seguirle el juego  a ver hasta donde llegaba.

La propuesta era la venta de un Van Gogh, inédito, que estaba en manos de un empresario venezolano en una caja de seguridad de Málaga, retenido por hacienda pero que nos lo traería en cuanto tuviéramos un comprador. El precio final era de 34 millones de euros. Y empezaban los repartos; una parte para el panadero, otra para la persona que le acompañaba, otra para nosotros, otra para “el español” intermediario y otra para el supuesto dueño. Un negocio en toda regla. Se nos escaparon las carcajadas aunque intentábamos dar seriedad a la reunión. E intentando zanjar la propuesta de estafa, les dijimos que nosotros no teníamos clientes de ese tipo. El panadero insistió  e insistió, y para quitárnoslo de encima, le pedimos la documentación del cuadro. Muy serio dijo que nos pondría en comunicación con el intermediario “español” para que nos mandara la documentación.

No sabemos porque nos eligieron, ni porque  en una ciudad tan pequeña de Marruecos pensaron que tendríamos la capacidad de vender por semejante precio. El olor a lo español , las ganancias rápidas y nuestra supuesta desconexión temporal con las noticias de la península quizá les hicieron pensar que creeríamos que había un Van Gogh autentico disponible sin que nadie antes hubiera optado a él.


Foto de El País, 25 de Julio de 2015

Nos llegó la documentación con fotos  y con la autentificación de José Manuel Arnaiz y Asociados, SL  que fue el que autentificó anteriormente un cuadro de Goya y que la policía confiscó antes de ser subastada evitando la estafa de 1.200.000€.

Ya con el nombre del supuesto cuadro de Van Gogh, ciprés y cielo, pudimos ver en internet lo que habían publicado los periódicos en 2015  y donde decía que el  Ministerio de Cultura, que tendría también la autentificación que nos dieron, recurrió a otro experto para autentificar la obra, un especialista del Museo Thyssen. “A primera vista se percató de que era falso”, dijeron. Y que la a revista digital Artnet.com no tardó  en darse cuenta de que el cuadro encontrado en una caja de seguridad de Antequera era una burda copia. “Es una de las peores falsificaciones, o aún peor, copias, que he visto nunca”, aseguró en 2014 Alfred Weidinger, subdirector del museo de arte vienés Belvedere.

Lo dejamos pasar, para nosotros era una “anécdota” más de todas las que nos pasaron en Marruecos.

Pero nos siguieron. Estábamos en Marbella  para participar en la segunda edición de la feria Art Marbella  cuando apareció “el español”, el intermediario del empresario venezolano, un hombre mayor, grueso, acompañado de un joven que no sabíamos qué hacía allí ni quién era y un Mercedes de color neutro, viejo.                    Se presentó en nuestro hotel, Tetuán es muy pequeño y todo el mundo se entera de todo, y tomamos un café. No había manera de deshacerse de él, le dijimos que lo sentíamos mucho pero que no contara con nosotros para ese negocio, lo cierto es que era muy insistente y pesado. Nos ofreció comprárselo por 12 millones de nada, una ganga, no se rendía.

Vino a la inauguración de la feria, también vino a la fiesta frente a la playa en un superchiringuito atestado de gente y una música atronadora, para luego ir a una discoteca, una pesadilla ambas cosas, Como no habíamos cenado  vimos nuestra oportunidad. Junto a la fiesta había un restaurante cuyos platos no bajaban de 25€  así que le dijimos que como acto de buena voluntad nos invitase a cenar. Se puso nervioso, no tenía hambre, mejor no, pero eso sí que si no íbamos a ir a la discoteca le diéramos la fichas que nos habían dado para tomar una copa gratis. Entre risas le dejamos en la fiesta y nos fuimos a cenar a otro sitio donde no nos localizara.

Ante este despliegue de cutrería tuvimos la suerte de no volver a tener noticias de esta gente, ni del cuadro que pretendían llevar a Marruecos.

 

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